21/01/2010

Una confesión cualquiera

Un buen día hace ya, muchos años y muchos tropiezos, te soñé... y desde entonces estuve esperando la convergencia de nuestros caminos.

Sin entender ni querer saber porqué, supe que un día llegarías y, consciente o no, sabía que serías tú, la que un día imaginé.

El día que te conocí sentí una sensación extraña, no supe identificarla, ni siquiera caí en que te llamabas igual que el día en que te soñé. Pero esa emoción me empujó a seguirte, a pensarte, a buscarte, a soñarte.

Y un día cualquiera sin esperarlo, pero tal vez buscándolo, me encontré besándote, bebiendo de tus labios el elixir de la vida que me sacó del velado gris para llenar de color mi corazón.

Y entonces recordé que te había soñado. Y supe que eras eterna...

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