07/12/2009

¿Querer o poder?

Hoy podría escribir. Hace tiempo que no lo hago y podría contaros algunas cosas.

Contar por ejemplo cómo el cielo generoso deja caer sobre el suelo sediento un canto de agua y describir las nítidas notas de colores con que el arcoíris bendice esta tierra.

Explicar cómo un país lleno de recursos naturales, culturales y sociales, se mata a trabajar para sacar de la hambruna, física e intelectual, a su propio pueblo mientras las multinacionales mantienen su poder y opresión sobre sus propios hermanos.

Decirle al mundo que levante sus tenazas contra las cadenas que nos atan al consumismo y a un estilo de vida que nos mantiene los ojos vendados ante la realidad de nuestro entorno. Y lo peor es que nos creemos que a su amparo somos felices. ¿¡Pero es que no se dan cuenta!?

Subrayar a mis amigos, cuánto me llena de orgullo su aprecio, más aún cuando me conocen y saben de mis debilidades.

Podría explicar cuánto se aprende de la filosofía andina, que bebe de una sabiduría milenaria que emana en convivencia con, formando parte de y no en contra de o por encima de, nuestra madre naturaleza. ¿Cuánto tiempo hace que Europa abandonó a quién nos dio la vida?

También podría hablaros de mis nuevos/as compañeros/as. Gente digna y sabia, que con tan sólo un cuarto de siglo a sus espaldas, no dejan de hablar de revolución con la frustración del joven que le cuesta plasmar sus ideales dando efectividad a sus palabras. Chavales que con audacia son capaces de poner a la sociedad ante el espejo de su propia imagen, para descubrirse hipócrita y enferma de desidia. ¿Os imagináis a vosotros mismos con 24 años hablando de revolución y política? ¡Qué ingenuos éramos! que pensábamos que eso no iba con nosotros…

No hace mucho una buena amiga recién descubierta me dijo que la esperanza de este mundo reposaba en la juventud de América Latina… Y tiene toda la razón, ¡vaya si la tiene!

También podría conversar sobre mi trabajo, sobre mis logros, mis tropiezos, mis miserias y sobre la esperanza con la que me encuentro cada día.

Y sin embargo no quiero.

Mi cuerpo y mi cabeza están aquí, pero mi corazón está en otra parte, buscándola. En los últimos años aprendí a escuchar al corazón mientras se alejaba del miedo. Y a dejarme llevar por sus propósitos sin pensar demasiado en las consecuencias. Es por eso que un día llegué hasta aquí y por ello sigo aquí. Porque no quiero renunciar a mis propias decisiones tomadas con el corazón.

Pero hoy mi corazón está desorientado, encontró en ella otras fuerzas que lo estimularon y que ahora ni sabe, ni quiere, ni puede dejar atrás.

Sin importar las dificultades, siguiendo el sendero que le marca el destino, mi corazón sigue buscándola, luchando por encontrar la manera de que nuestros caminos se unan en el horizonte. ¡Querer es poder! Dicen…

Así que ya lo veis. No quiero hablar de otra cosa, por más que pueda.

¿O era al revés?

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