21/05/2009

Carta Tardía

Recuerdo la vez que nos llevaste a mi hermano y a mí al Parque de Atracciones de Montjuïc. Por aquel entonces debía tener 6 o 7 años y mi hermano uno y medio menos. Fue un sábado genial, estuvimos todo el día en el parque disfrutando de todas las atracciones que para un niño como yo, eran el mismísimo paraíso de la diversión.

Recuerdo que gruñías a cada nueva oportunidad de alistarnos a la cola del siguiente tío vivo que nos había llamado la atención. Por aquel entonces no existían los pases que te permitían subirte a todas las atracciones que querías por un mismo precio y teníamos que comprar tickets para cada atracción. Pero en cuanto te ronroneábamos un poco con nuestra cara de no-haber-roto-un-plato-en-nuestra-vida, cedías a nuestras súplicas y nos dabas un poco más de chance. Tal fue así que para cuando te diste cuenta, te habías gastado todo el dinero y casi no teníamos ni para el autobús de vuelta a casa.

Llevábamos todo el día de fiesta, sin haber comido y sin un duro ni para una botellita de agua que redujera nuestra deshidratación. Para una persona adulta, no debía ser ningún problema aguantar hasta llegar a casa, pero para un niño pequeño sin experiencia en soportar el cansancio, la sed, el dolor de pies y el agobio por querer llegar cuanto antes a casa con su mamá, fue suficiente extremo como para que se me quedara grabado para el resto de mis días.

Permanecen nítidas las imágenes de cómo tuvimos que bajar andando desde el parque, por la carretera de Miramar, hasta coger el autobús en la plaza Colón. Para no tener que andar todo el trayecto de la carretera, que en su último tramo tiene forma de u con dos rectas a lado y lado de unos 500 metros, y desesperada por nuestros lloriqueos, quisiste atajar por el jardín botánico que hay entre las dos rectas, justo después de dejar lo que entonces era el Hotel Miramar.

Cual fue nuestra sorpresa cuando al llegar al final del Jardín una valla nos impedía el paso y tuvimos que retroceder toda la bajada, ahora convertida en una subida bien tediosa, para tener que hacer la u completa que habíamos querido evitar.

Para cuando llegamos a la parada del autobús mi hermano y yo llevábamos tanto rato gimoteando y lamentándonos que tu escasa paciencia estaba más que derrotada.

Aquella tarde nunca se me olvidó por lo mal que lo pase, pero al cabo de un tiempo, cuando la cordura que se me supone me dio algo de luz, comprendí que aquella tarde tu gran corazón y generosidad fue la que me dejó una tarde inolvidable. Como tantas otras que pasaste aguantando nuestras diabluras cuando cuidabas de nosotros en cuanto mis padres te lo pedían.

Tampoco se me olvidará mi admiración por tu gran pasión: viajar. Rondaste más de medio mundo y de bien chiquito ya quería ver, oir y sentir lo que habías vivido por esos mundos que por aquel entonces me parecían inhóspitos y salvajes. Cuando emprendí la aventura que ahora estoy viviendo, me acordé mucho de ti y me alegré de ver por fin cumplidos mis sueños, que un día fueron tuyos también. Me hubiera gustado que hubieras podido venir a verme. Tal vez ya lo has hecho.

Del mismo modo hubiera querido llegar a tiempo de verte, darte un abrazo, pasar contigo y con la fmailia tus últimos momentos. Más el innombrable sigue implacable su camino, sin razones que atender, imponiendo con horrible crueldad su reino de terror. Y volvió a dejarme con el corazon roto y sin poder decirte lo que ahora te escribo.

Siempre estuviste a tu altura, pequeña pero matona, mordiendo al primero que se le ocurriera ponerse por delante. Tozuda hasta la médula, a veces la pasión se desbordaba y la hierba se erizaba a tu paso. Sin embargo esta vez, otra vez, él ganó la batalla.

Pero hay una verdad que él no sabe: Nunca morirás. Mientras tengas a alguien que te recuerde, mientras tu luz siga viva en los corazones de quienes te quisieron, parte de ti seguirá viva eternamente. Todos somos uno, uno somos todos. Y la victoria será nuestra, en la Guerra.

Mientras siga vivo me encargaré que tu recuerdo perdure para seguir resguardando prendida la llama de tu tozudo corazón.

Te quiero.

Edu.

PD: Dale un beso a mi padre de mi parte. Recuérdale que su llama sigue prendida más fuerte que nunca.

6 comentaris:

... ha dit...

Edu...
V

Anònim ha dit...

sencillamente precioso.....joder!!!
Cris

Baikalia ha dit...

Jamás una carta con categoría específica puede resultar tardía...

Baikalia ha dit...

Jamás una carta con categoría especificamente cargada puede resultar tardía...

evoe ha dit...

que bonito edu....te envío un beso enorme desde aquí....eva

Laia ha dit...

M'he posat la pell de gallina.... Un petonàs. Ens veiem aviat.