03/04/2009

Mi primera emergencia. Episodio II

Al mediodía, personal del gobierno llega con alimentación y utensilios para la cocina. Rápidamente descargamos los materiales y las mujeres inician las labores para acondicionar la cocina y preparar el esperado almuerzo. Rancho de arroz blanco con una cucharada de lentejas. Mi apetito lo devora como si de un manjar exquisito se tratara, por supuesto no dejo ni un grano de arroz, se me caería la cara de vergüenza en una situación así.

Una vez recargadas las energías, los compañeros de la sección juvenil se ponen manos a la obra. Reúnen a los más pequeños y se sacan de la manga a Epi, el pato Lucas y a Dumbo para explicar una brillante historia de cómo deben actuar los más peques ante una emergencia. ¿Quién mejor que Epi para enseñarles que deben buscar un adulto para que los ponga a salvo ante una situación de emergencia?

La profesionalidad y capacidad de improvisación de estos chavales me deja con la boca en las rodillas.

Tras un pequeño descanso tres chicas jóvenes se nos acercan temblorosas y suplicantes. Tienen a su madre enferma en una de las comunidades que han quedado incomunicadas y nos piden ayuda para su traslado al centro de salud. Ellas viven en otra población y la madre no tiene compañía alguna, su desesperación nos conmueve pero también las dudas nos embargan y aparecen momentos de incertidumbre y tensión.

Intentamos organizar el equipo de rescate mientras valoramos la conveniencia de invertir unos recursos limitados en una situación de la que desconocemos el alcance real de la emergencia por la falta de información fidedigna del estado de la señora y del acceso a la comunidad. A ello se une la difícil posibilidad de trasladar a una persona enferma, de la que desconocemos su capacidad para caminar y sin acceso hasta su vivienda ya que el camino de acceso ha sido cortado por un deslave a una media hora antes de llegar a la vivienda. Y hasta donde se llega el camino es desconocido y posiblemente impracticable para el vehículo de rescate. Añadimos a las dificultades la falta de una ambulancia para poder trasladar en condiciones a la paciente.

Finalmente, tras diversas consideraciones en busca de alternativas que resultan inviables y las súplicas desesperadas de las jóvenes hijas a las que no sabemos decir que no, nos subimos al 4x4 para dirigirnos hacia la vivienda de la madre mientras otros compañeros se dirigen al pueblo en busca de voluntarios que nos ayuden a trasladar a la señora de su vivienda hasta el vehículo.

Tras unos kilómetros de carretera el pickup inicia la ascensión hacia la comunidad por una pista forestal sólo apta para 4x4. Antes de llegar a los primeros deslaves que inundan el camino de un barro impracticable pero superado por la destreza de nuestro experimentado conductor, unos jóvenes distraen su apacible tarde con unos sets a voleibol como si las circunstancias que los rodean no fueran con ellos.

Al rato, un deslave en medio del camino nos deja, a un lado, un socavón que conduce directo al río que rebosa de agua unos cuantos metros más abajo, al otro, el barro acumulado obstaculiza el paso dejando tan solo un par de escasos metros para el paso del vehículo. El conductor se detiene para analizar el paso.

El tenaz silencio nos recuerda la tensión del momento cuando en un soplo de inspiración y sin derecho a consulta, el sagaz conductor nos lleva en un instante al otro lado del paso como si de un juego se tratara, no sin antes rectificar una pequeña patinada de las ruedas que nos deja definitivamente sin respiración. La risa y la euforia se desatan para disipar la histeria reflejada en nuestras caras.

Finalmente, tras veinte minutos más sorteando pasos imposibles, llegamos a un pequeño poblado de cuatro casas donde esta vez si, el paso es imposible. Debemos continuar caminando veinte minutos más para llegar hasta la vivienda de la madre. Nos echamos la mochila con el botiquín a la espalda y mi compañera y yo, junto a la hija que nos guía, avanzamos el camino mientras el conductor espera al retén de refuerzos para ayudarnos a trasladar a la señora. Debemos darnos prisa pues ya son las cuatro de la tarde y no podemos iniciar el regreso mas tarde de las cinco para evitar la oscuridad de la noche en un camino tan aventurado.

4 comentaris:

brutus ha dit...

Vete a la mierda. Continuarà el siguiente episodio no?. A tì lo que te và es la novela maricòn. El nuevo Kent Follet. A ver lo que tardas en escribir el desenlace. Bueno un besazo.

eduyardo ha dit...

Y que aliciente tendria si pusiera el tercer y último capítulo seguidito?

Aguanta hombre! que no hay para tanto.

El lunes el episodio III. Lo prometido es deuda.

Un abrazo.

Anònim ha dit...

Joderrrrrr, como ha costado este segundo episodio eh??, nos vemos el lunes con el tercero,
un abrazazooooooooooooo!!!
Cris

Anònim ha dit...

Ei Edu,
escrius molt bé tio!
Demà vaig cap a sud-amèrica, al país de l'Alexis, a veure ma germana.

Una forta abraçada!
Marc Filipino